Carta del editor

La historia humana es una historia de migraciones. Gracias a ellas nos preciamos de conocer prácticamente todos los rincones del planeta y contamos con la diversidad étnica y cultural que nos caracteriza como especie.

El mundo globalizado de hoy ha relativizado las fronteras comerciales de manera que podemos hablar de un gran mercado en el que se vende y se compra independientemente de dónde o quién lo produjo. No obstante, el libre tránsito de mercancías, que por cierto muchas veces beneficia a unos y perjudica a otros, o mejor, beneficia a unos porque perjudica a otros, no sólo no corresponde al libre tránsito de las personas sino que este último se procura restringir cada vez más, y de manera cada vez más violenta.

Las migraciones humanas son de múltiples signos: se emigra para estudiar o para trabajar, se emigra para huir de la pobreza, de guerras, dictaduras o persecuciones genocidas; se emigra por razones económicas, políticas y culturales. Se emigra del campo a la ciudad, del campo pobre al campo agroindustrial, del Sur al Norte... Origen, tránsito y destino, recorridos por lugares y culturas, riesgos y desafíos, integración, marginación, xenofobia. Palabras que nos acercan a la complejidad de las migraciones y nos interpelan.

De la lectura de esta entrega de Decisio surgen muy diversas interrogantes: ¿qué es una frontera, si no una línea dibujada en un mapa, muchas veces en contra de lógicas culturales e históricas?, ¿qué distingue la “ciudadanía” de la “ilegalidad”?, ¿cómo deberemos entender la gobernabilidad en este contexto? Lo único que nos queda claro, al final de cuentas, es que en este mundo, tomando una frase escrita en una manta en las movilizaciones de migrantes en Estados Unidos, “todos somos migrantes”.

 

Cecilia Fernández Zayas

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