Carta del editor

Durante la segunda mitad del siglo pasado, la mayor parte de la población latinoamericana vivió cimbrada por el reclamo del ejercicio pleno de los derechos humanos civiles y políticos. La lucha ciudadana por la democratización de las relaciones entre sociedad y Estado caracterizaron por lo menos tres décadas de ese periodo y muchas heridas de entonces siguen abiertas. El llamado “ajuste estructural” impuesto a nuestras sociedades desde la década de los años ochenta trajo consigo profundas modificaciones económicas y sociales que produjeron mayor inequitatividad, pobreza, migración y exclusión. No obstante, en el terreno de lo político vivimos reformas democratizadoras que han permitido una mayor participación de la sociedad en los asuntos públicos.

En este nuevo contexto profundamente polarizado se vislumbra un abanico de iniciativas de educación ciudadana: junto con los vestigios de la educación cívica del siglo XX coexisten programas gubernamentales para promover el ejercicio de los derechos civiles y políticos (aunque muchas veces entendidos sólo en lo relativo a los procesos electorales) así como ejercicios de poder ciudadano de diversos signos: unos para la incidencia en políticas públicas y la interlocución con el Estado, otros desde los movimientos sociales de presión por la reivindicación de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

En este número de Decisio invitamos a nuestros lectores a hacer un recorrido tanto teórico como en el terreno de las experiencias de educación ciudadana con jóvenes y adultos. Como siempre, esta entrega se ha nutrido desde la solidaridad expresada de múltiples maneras por nuestros colaboradores y colaboradoras. Vaya desde estas líneas nuestro sincero agradecimiento.

 

Cecilia Fernández Zayas

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