Carta del director

El poema más antiguo de la cultura occidental, la Iliada, se dice fue escrito hacia el año 700 antes de Cristo. Pero la escritura apareció en Grecia aproximadamente en los comienzos del siglo VIII a.c. Esto significa que toda la cultura occidental está sustentada en la escritura. Estos casi tres milenios de escritura permiten conocer, a partir de los documentos de cada época, cómo fue la historia de la humanidad y cómo se construyó el ser humano a partir del pensamiento, las acciones y las realizaciones de personajes y grupos a lo largo del tiempo, de los que ha quedado el testimonio escrito.

Hoy, en los inicios del siglo XXI, se tiene la convicción de que quienes todavía ignoran la lectura y la escritura después de pasada su edad escolar, están inevitablemente marginados del proceso cultural y civilizatorio y son ajenos a esa capacidad que tiene la sociedad humana de transformar su condición, para crear nuevas formas de desarrollo y desenvolvimiento de la vida. En otras palabras, los analfabetas no sólo carecen de un conocimiento esencial como lo son la lectura y la escritura, sino que quedan al margen de los beneficios derivados de ese desarrollo y desenvolvimiento.

Este número de Decisio, organizado y realizado por la doctora Judith Kalman, quien fue editora invitada, hizo posible reunir todo este material para ofrecer a los lectores una visión amplia y diversificada de los problemas que atiende y resuelve una educación dedicada a lograr, en las personas carentes de la cultura escrita, la posesión de ésta para poder insertarse en el proceso de desarrollo y avance material, económico y social.

Los diversos aspectos contemplados en los trabajos publicados en este número de Decisio, si bien no agotan todos los aspectos de la cultura escrita en relación con los jóvenes y adultos que se integran al proceso educativo para obtenerla, ofrecen una visión amplia de los problemas que deben resolverse en esta tarea, desde las necesidades que es forzoso atender para lograr en estas personas jóvenes y adultas los mínimos necesarios de integración a métodos y hábitos que permitan el logro esperado, hasta experiencias nuevas como la que se realiza en la India con el uso de medios electrónicos. Aquí puede apreciarse, en el caso de los jóvenes iletrados que aprendieron a identificar la fecha de su cumpleaños con la de su nacimiento, cómo la lectura y la escritura, y los conocimientos integrados a esos procesos, pueden tener trascendencia incluso en la vida social y democrática, en un marco mínimo de justicia y respeto a la persona.

Decía Alfonso Reyes que estamos tejidos en la sustancia de los libros, mucho más de lo que a primera vista parece. ¿Qué significa esto? Quiere decir que la cultura escrita es a la vez sustento e impulso de la cultura humana, y de la vida, tanto la individual como social, y por lo mismo quienes no posean esa cultura escrita estarán condenados a seguir marginados social, cultural y económicamente del desarrollo de esa vida individual y comunitaria.

Agradecemos a la doctora Judith Kalman y a sus ayudantes Guadalupe Noriega Elío y Melba Sánchez Hernández, por su trabajo en la edición de este número, que permite ofrecer a los lectores de Decisio la posibilidad de acercarse a los problemas y características de la enseñanza de la cultura escrita para jóvenes y adultos, tarea importante e impostergable en los procesos educativos de nuestro tiempo.

Alfonso Rangel Guerra

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