Carta del director

Once trabajos integran este número, todos dedicados a problemas referentes a educación de adultos y formación de formadores. De éstos textos, los dos primeros se refieren a la significación del término y al proceso de formación de formadores, los nueve restantes se aplican a exponer y analizar experiencias diversas sobre esta educación y la formación de quienes la imparten. El doctor Cayetano De Lella, del Instituto de Estudios y Acción Social (IDEAS), de Argentina, propone un modelo hermenéutico-reflexivo para identificar los procesos formativos y sus resultados. Entre los modelos predominantes identifica el práctico-artesanal, donde la enseñanza se deriva del oficio que se aprende en el taller. Otro es el modelo academicista, que supone que cualquier persona con conocimientos pedagógicos se puede convertir en educador. Uno más, el modelo tecnicista-eficientista, se refiere al educador como un técnico, es decir, el valor está en la práctica sin necesidad de conocimientos científicos. El modelo que propone implica mayor complejidad, pues toma en cuenta la sabiduría y la capacidad creativa del docente, lo que hace posible resolver los problemas de la enseñanza.

Desde una visión que plantea diferentes problemas, Elsie Rockewell, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, se ocupa de los jóvenes instructores que cumplen la difícil tarea de realizar cursos comunitarios en aquellos lugares que presentan peculiaridades características por su ubicación o distancia. Enrique Marbot Jiménez, de Cuba, nos ofrece aspectos históricos sobre la formación de formadores en ese país y experiencias obrero-campesinas. Estilos docentes y significados de los procesos educativos es el tema que expone Gloria Hernández Flores, del Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México. Otras experiencias distintas y no menos importantes, son las que se ofrecen en el texto de Claudia Vóvio, de Acción Educativa y Elie Gahnem, de la Facultad de Educación de la Universidad de São Paulo, en Brasil. Esas experiencias, referidas a un ámbito difícil y donde la mayor parte de los educadores no tienen formación específica para el magisterio. Martín Linares, de la Universidad Pedagógica Nacional, en México, nos habla de sus experiencias de cómo se aprende de los viejos y con ellos, problemas pocas veces analizados en el contexto de la educación de adultos. Del CONAFE, Dalila López Salmorán y Santiago Rincón Gallardo Shimada ofrecen sus páginas a considerar la capacitación artesanal en la formación de instructores, particularmente en el caso de la posprimaria comunitaria rural. Y finalmente Lesvia Rosas, nos ofrece una experiencia en la formación de educadores de personas jóvenes y adultas, referente al estado de Jalisco, en México, y Enrique Safa, también del conafe, nos habla de la formación de educadoras y educadores, como programa de educación básica para personas jóvenes y adultas, es decir, docentes normalistas, experiencia que a partir del año 2001 se cumple bajo otras perspectivas con resultados importantes.

Esta diversidad de acciones permite identificar que la educación de jóvenes y adultos está abierta a condiciones y experiencias distintas, que son también expresión de la diversidad de la comunidad de personas a las que se atiende. Por esto, es importante destacar los dos primeros textos de este número de Decisio, de Graciela Messina y Carmen Campero, que nos ofrecen una visión de la complejidad de situaciones cambiantes y diferentes en la que se cumple la educación de jóvenes y adultos. Esta visión permite reconocer lo peculiar y característico de una educación que no es, a veces, lo más importante en un sistema educativo y que permanece cumpliéndose con dificultades y restricciones. El segundo de estos trabajos incluye diez propuestas para avanzar en la profesionalización de las y los educadores. Estas propuestas toman en cuenta esta diversidad de condiciones y la estrecha relación existente entre los perfiles educativos de las y los educadores y su posible participación en procesos de formación.

La lectura de este número de Decisio permite un acercamiento desde diversos miradores sobre la naturaleza, problemas y circunstancias en la que se cumple la educación de jóvenes y adultos.

Nuestro reconocimiento a la maestra Carmen Campero, quien como editora invitada, hizo posible la integración de todo este material.

Alfonso Rangel Guerra

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