Nota editorial

En las aulas universitarias confluyen personas de diversas procedencias, etnias, culturas, religiones y costumbres. Son espacios multiculturales donde se dan encuentros y desencuentros, reconocimiento y negación del otro, relaciones horizontales y verticales, conflicto y amistad. En esa interacción multicultural el mundo de cada uno se ensancha y todos aprenden de sí mismos y de los otros.

Aunque el encuentro multicultural es un hecho, la conciencia del mismo y la decisión del diálogo son acciones deliberadas que procuran no sólo evidenciar la diversidad —reconocerla y valorarla—, sino también promover interacciones más respetuosas y aprendizajes más ricos entre los miembros de la comunidad.

Este número de Decisio, coordinado por la Dra. Ana María Méndez Puga, presenta un mosaico de experiencias en esta línea: se expone una experiencia en la que se comparten saberes entre universitarios y un exitoso apicultor maya; se problematiza la manera como se interpretan las políticas de educación intercultural en aulas de Bolivia y España; se presentan programas de formación e investigación intercultural de la Universidad Veracruzana y la Universidad Veracruzana Intercultural; se exponen algunas reflexiones en torno al diálogo entre investigadores “del Sur” (América Latina y África) desde las semejanzas que provee el hecho de “ser Sur”, a pesar de la distancia y las enormes diferencias; se plantean experiencias de trabajo comunitario que realizan estudiantes de la Universidad Michoacana como parte de sus prácticas profesionales; se propone una estrategia de reconocimiento de las y los otros en un aula de Preespecialidad en Pedagogía Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM ) a partir de la expresión de lo que cada quien es, incluyendo a la docente; y se explica la importancia de la asistencia psicopedagógica en estudiantes en contextos de pobreza.

El hilo conductor de las expresiones que se publican en este número es la construcción colectiva de experiencias de aprendizaje con el propósito de generar diálogos interculturales. La clave de muchas de ellas ha sido el empeño de académicos que conciben a la ciencia como un proceso siempre abierto, en el que se pregunta constantemente a la realidad y se reconoce la existencia y la justeza de múltiples respuestas, a veces contradictorias, pero que en conjunto contribuyen a conocer un poco más del mundo en el que vivimos.