Nota editorial

A lo largo de los 16 años de trayectoria de Decisio hemos sostenido que la revista es como un puente que conecta autores de distintos espacios, experiencias y latitudes. En este número, dedicado a la democratización del conocimiento, presentamos un conjunto de experiencias educativas que, en su amplia diversidad, se caracterizan por conectar esfuerzos de distintas instancias en espacios educativos horizontales no escolarizados, dialogantes, solidarios, orientados a la construcción de conocimiento y transformación de prácticas.

Aparecen en los textos actores de organismos gubernamentales, académicos, activistas de organizaciones civiles, estudiantes y maestros, así como personas de todas las edades que desde muy variadas maneras, y siempre desde su calidad de sujetos de derechos, se involucran en procesos educativos en donde todos enseñan y todos aprenden.

Un aspecto clave de las experiencias expuestas es el empoderamiento de los y las participantes. En el proceso de aprender colectivamente, de reconocer los saberes de cada uno/una y de compartirlos en relaciones horizontales, los/las protagonistas se valoran, se encuentran con los otros y adquieren poder, individual y colectivo, para generar cambios en ellos/ellas mismos y en sus proyectos. Así, se empoderan los promotores ambientales que monitorean y ayudan a la conservación de las mariposas monarca, las mujeres colombianas que desarrollan sus habilidades para leer y para expresarse con ayuda de las TIC a partir de lo que ya saben, y las mujeres de Oaxaca que mejoran sus capacidades para hacer cuentas y evitar que las engañen. Se empoderan también los estudiantes universitarios que hacen prácticas en la Universidad Obrera de México y los que colaboran con alumnos de primaria de una zona pobre de Los Ángeles al lado de los investigadores de la UCLA; también las comunidades que recuperan sus tradiciones musicales y su identidad en la Sierra Norte de Puebla, los migrantes que tramitan su residencia legal en Argentina, las empleadas de salud y desarrollo social del municipio de Olavarría (Argentina) en el tema de género y las gestoras voluntarias de un programa de desarrollo social de la CDMX.

Los puentes están ahí, en interacciones seguramente no exentas de conflictos y dificultades, que avanzan hacia objetivos colectivos. En este sentido, no quisiéramos dejar de mencionar el involucramiento de las universidades en proyectos de desarrollo comunitario en los que profesores y estudiantes conocen la realidad de primera mano, empatizan con las poblaciones, contribuyen a mejorar su situación de vida y cumplen un papel central al sistematizar las experiencias en las que se involucran. Estamos seguros de que, por su diversidad y por sus interconexiones, los textos que presenta este número serán no sólo interesantes, sino también inspiradores para nuestros lectores.